Plazas indignadas: símbolo de democracia posmoderna (Basilio Pozo-Durán)
Plazas indignadas: símbolo de democracia posmoderna (Basilio Pozo-Durán)
Indignada está la cajera del supermercado porque la empresa ha presentado un ERE y ella tiene todas las papeletas para ser despedida. Indignado está el dueño del supermercado porque quiere aumentar aún más su beneficio y para ello no puede despedir totalmente gratis a gran parte de su plantilla. ¿La diferencia? Ella está en una plaza de su ciudad esta tarde sosteniendo un cartel que dice “pienso, luego estorbo”. Él está representado por la ASEDAS (Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados), y ésta a su vez por la CEOE. El presidente de la CEOE (representante del dueño del supermercado) está sentado esta mañana en un despacho del Ministerio de Trabajo y sostiene un documento que exige un despido prácticamente gratis y una amplia rebaja de las cotizaciones a la seguridad social.
Indignada está la clase trabajadora porque ve cómo se recortan sus derechos. Indignada está la clase capitalista porque ve cómo sus exigencias serían todavía más amplia y rápidamente ejecutadas por un gobierno del PP. ¿La diferencia? No todas/os las/os trabajadoras/es tienen claro a qué clase social pertenecen, ni cuáles son sus intereses y no tienen representantes con fuerza en las instituciones para hacer que éstas legislen a su favor. Todas/os las/os capitalistas tienen claro a qué clase social pertenecen, cuáles son sus intereses y tiene representantes con fuerza en las instituciones para obligarlas a que legislen a su favor.
Mientras una parte importante de la clase trabajadora continúe sin saber que lo es, seguirá indignada en las plazas y no en las instituciones. “Son de las/os nuestras/os, aunque no lo sepan”, se escucha decir a representantes de la clase trabajadora en las instituciones. Pero también son nuestra competencia más peligrosa, pues son un símbolo de democracia posmoderna que no entiende (ni quiere) de clases sociales y de intereses, sino de individuos y propuestas. Y no hay nada que desee más la derecha que una izquierda formada no por una clase trabajadora y unos intereses, sino por unos individuos y unas propuestas; una izquierda en las plazas que le deje a la derecha un espacio suficientemente amplio en las instituciones (véanse los resultados de las pasadas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo).
Mientras una gran parte de la clase trabajadora siga ahí, en las plazas, estaremos perdiendo un tiempo precioso para que la clase trabajadora vuelva a organizarse y vuelva a tener fuerza en las instituciones. Porque en esas plazas no se están reconociendo como clase trabajadora, sino simplemente como individuos, con sus propios motivos de indignación y con sus propias propuestas, pero incapaces de saberse clase trabajadora y de congregar por tanto a ésta en torno a ninguna forma de poder institucional. En definitiva, un tiempo precioso que aumenta la fuerza de la derecha en las instituciones y que acelera la llegada al poder del PP. Esto es: la profundización de los recortes y de las políticas de derecha ya practicadas por el PSOE.
Por tanto, lo que importa no es que hay plazas indignadas, sino que la derecha está en las instituciones y la izquierda aún sigue en la calle. Porque nada será útil para lograr una salida social a la crisis mientras la clase trabajadora siga alienada, desorganizada y dividida; en las plazas y no en las instituciones.
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